Blog de estudiante de la comisión 52 de la materia Taller de Expresión I, Cátedra Reale
Carrera Ciencias de la Comunicación - Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de Buenos Aires.
Taller coordinado por la profesora Claudia Risé y Emilia Cortina (ayudante alumna)

15 de agosto de 2011

Proceso de escritura del proyecto narrativo


Les comento que cada día transcurrido desde el primer día que lo comencé hasta que lo finalicé estuve más entusiasmada con este trabajo. En principio porque el tema de la danza me encanta, me apasiona. Y por otro lado, porque estuve leyendo a Katherine Mansfield, la autora recomendada por Claudia y realmente me atrapó. Ya al leer en la contratapa del libro que en su momento fue comparada con Chéjov y las grandes figuras del realismo ruso, me generó mucha ansiedad para comenzar con la lectura. Compré Cuentos Completos, una recopilación en casi novecientas páginas de sus relatos y novelas cortas consideradas obras maestras. Ya leí "En un balneario alemán" (1911), "Felicidad" (1920) y "Fiesta en el jardín" (1922)
Me costó mucho poder conseguir esta recopilación, sencillamente porque no estaba en ninguna librería de las que fui. Casualmente ingresé a una compra-venta de libros usados y allí lo encontré. Estaba nuevo en realidad -porque en menor medida allí también ofrecen libros nuevos-, y debo decir que nunca pensé que iba a sentir tamaña alegría por comprar un libro.
Por otro lado, Emilia me recomendó ver la película Black swan que la vi cuando se estrenó, pero decidí verla nuevamente. Ya con ojos críticos y tomando nota de algunas cosas, me sirvió mucho para "refrescar" ciertas características de este mundo tan peculiar de la danza.
Éstas son algunas de las notas que tomé:
- Madre presiona a bailarina para que siga su carrera. intenta vivir a través de la misma su propio sueño frustrado.
- El personaje personaliza a la típica bailarina de alto rendimiento, la cual dedica su vida al baile. Se autoflagelaba. El esfuerzo de cuatro años de entrenamiento duro. El personaje tenía como meta meterse en el papel que tenía que inerpretar. Cumple su sueño.
- La competencia no era desleal, como sí lo es en la de alto rendimiento las más de las veces.
Al tener presente esto, decidí no caer en estos puntos reiterativos acerca del ballet: la competencia -leal o desleal-, la madre impulsora -que es real y existe muchísimo en el ambiente-, los tan conocidos sacrificios en pos de buscar la perfección, etc. No quise hacer un cuento trillado. Hice el intento de hablar de una historia similar, como todas las que implican este tipo de profesión, pero desde otro punto de enfoque, con un hecho externo como eje.
Finalmente, quiero mencionarles que me puse en contacto con un amigo que forma parte del ballet estable del  teatro Colón. Se encontraba en los últimos ensayos para Expresarte, una obra que se estrenó en el teatro Empire. Le mencioné de mi proyecto narrativo y gentilmente me invitó a presenciar uno de los últimos ensayos previos al estreno, y también fui a verlo un domingo a la primera función. Me sirvió muchisimo para todo esto, tomé notas y grabaciones. Además de hablar con él mismo de los trasfondos que existen entre los integrantes de un ballet profesional como al que él pertenece.
Básicamente, en cuanto a contenido de notas es muy similar al de la película. Aún así, aquí pude denotar aspectos que en la película no están presentes, como por ejemplo la envidia entre compañeros de ballet. Además noté que si bien todos bailan, no todos viven de la danza. Ésto es algo muy difícil de lograr, al menos en nuestro país. Muchos hablaban entre sí mientras elongaban, de sus respectivos trabajos y yo anoté algunos: Representantes de Atención al Cliente, Back Office, Camarera, Vendedores, etc.
Por otro lado, en mi memoria tengo muchas ideas, recuerdos en mi cabeza. Veo un posible camino definiéndose delante de mi. Al momento del proceso de producción propiamente dicho del proyecto, al principio tenía todo planificado –en base a las lecturas del material de la cátedra, en el sitio web- y así comencé a escribir. Pero tuve dificultades para poder hacer fluir la historia. Así, por varios días no pude escribir nada. Me sentí un poco mal, ¿por qué no podía escribir si tenía todo dado para hacerlo?. Percibí que lo que me frenaba era precisamente el tenerlo todo diagramado, estipulado previamente en la planificación. La siguiente parte de la historia la escribi “a mano alzada”, dejandome atrapar por las diferentes posibilidades que surgían en mi mente, dándole prioridad a algunas de ellas, retrocediendo, escribiendo, releyendo, corrigiendo y volviendo a escribir. Luego dejé pasar un día entero sin leer ni modificar nada de lo hecho hasta ese momento. Y ya al día siguiente le dí forma, me pregunté si había logrado el efecto que mencioné en la planificación. Cuando no fue así, trabajé sobre ello.
Con respecto al proyecto, tuve la intención de mantener el suspenso respecto de lo que angustiaba a la protagonista, Julia. Y al blanquear un descenlace, lo hice de una manera pseudo sutil, es decir, como dando la información cifrada del porqué de la cuestión.
Otra de las líneas que seguí en base a los paratextos requeridos fue la de Katherine Mansfield, sencillamente en el trabajo que leí de ella, cuando nombra personalidades o cosas típicas de un país, etc., no aclara quiénes son o para qué sirven, respectivamente. Yo intenté escribir para determinadas personas, conocedoras del tema al menos, dado que no explico sino que refiero en pies de páginas unas breves referencias que creo pueden ser útiles al lector que no se encuentre empapado por el tema aún.
Lo que sí está presente como punto en común en los líbros, en la película y en los ensayos es que la disciplina de la danza implica sacrificios muy grandes y poco comunes en otras profesiones. Y éso es lo que refleja Julia en mi trabajo, llevado a un extremo. Sacrificarse no sólo ellos por sí mismos, sino y si es necesario, a otras personas que de cierto modo se interpongan entre un bailarín y sus metas.

8 de agosto de 2011

Proyecto Narrativo: Metas

I

Golpearon la puerta.
- ¿Quién es?- preguntó Julia-. ¿Y por qué llama a la puerta a esta hora?
- Soy yo –se escuchó mientras la puerta se entreabría.
- ¡Ah! –susurró la compañera de habitación-. Es Sophie.
A pesar de todo no dudó en hacerla pasar. El camino había sido largo y de arduo trabajo. Sabía que Sophie podía comprenderla.
- Si me necesitan estaré en la cocina –dijo Anne mientras se ponía su saco y salía del lugar.
Los inviernos en Nueva York se sentían en los huesos. Más aún en los de cuerpos fatigados.
- No te preocupes, me iré pronto -dijo Sophie-. Mañana ensayaremos temprano.
- Gracias por venir, Soph. Me hace tanto bien que estés aquí. Déjala que se vaya un momento.
Ambas se fundieron en un abrazo profundo y sentido. Cuerpos perfectamente erguidos y disciplinados quedaban atrás para mostrarse débiles en su pequeñez y ligereza.
- Sabes que puedes hacerlo... tienes el talento y la mentalidad para llegar y sostenerte bien en lo alto. Pero el primer paso para que los demás creamos en ti es que seas tú la primera en hacerlo, Julia.
En aquel momento, con un aire de conciencia sobre el tema, Julia se incorporó, caminó unos pasos como repitiéndoselo a sí misma. El ego de una bailarina hay que alimentarlo, permitiéndole crecer hasta el infinito. Es eso o quedar en el camino, aplastada por el ego de alguien más.
- ¡Tienes razón! Ahora debes irte, ya es tarde y mañana es un día importante. Además si te ven aquí será para problemas –alertó Julia acercándose a la puerta-. Gracias.


II

Al día siguiente, la clase comenzó puntual. Todos estaban esmeradamente prolijos en sus ropas y peinados, como así también en su técnica. El calentamiento en la barra transcurría normalmente.
- Tendu en croix: tendu an avant, fermé. Tendu au côté, fermé. Tendu au derriére, fermé –marcaba la profesora con palmas-. Grand plié.
En plena ejercitación interrumpió la clase el director de la academia. El nerviosismo se sintió en el ambiente. Las manos comenzaron a sudar, perjudicando el agarre en la barra. Los músculos ahora tensionados, jugaron en contra a la hora de bailar. Ojos exorbitados y sin embargo posturas extremadamente erguidas se notaron por doquier. Ya no había mucho más por hacer. Luego de toda una temporada de preparación y sacrificio, de entrenamiento y lesiones leves, de básicamente dejarlo todo de lado por conseguir EL papel. Y ese hasta ahora lejano momento, había llegado.
La noche anterior, luego de que Sophie la visitara en su habitación, Julia quedó recostada en su cama viendo su vida en un rejunte de imágenes una detrás de otra, como en una película. Recordó cuando se fue de su ciudad, en México, para ir detrás de su sueño de primera bailarina de Ballet. Cuando trabajó en un bar para poder pagarse los estudios. Al primer año la becaron en el New York City Ballet, y aunque toda la vida admiró a George Ballanchine, Julia creyó que para ser la mejor tenía que estudiar en la mejor escuela. Insistió dos años para ingresar a Juilliard School, haciendo oídos sordos a las encuestas que indicaban que la institución de educación superior gozaba de la tasa de admisión más baja de los Estados Unidos, de tan sólo el siete porciento. El talento, la disciplina y el compromiso necesarios para conseguir ese tan preciado lugar en el mundo de la danza ella los poseyó desde siempre. En Juilliard simplemente los reforzó.
Desconocía toda información respecto de su familia. El último llamado que recibió de ellos fue de su hermana hacía un semestre, indicándole el divorcio de sus padres.
Había dejado todo de lado por conseguir su sueño. Entendía que el talento sólo era el primer paso de una larga carrera en pos de convertirse en una gran bailarina. Y allí estaba, expectante. Pensaba en lo paradójico del momento. Todo quedaba, de esta manera,  reducido a la decisión del director.
- Este año nos hemos planteado el desafío de cautivar a la audiencia durante todo el año, y dado que estamos próximos a la Navidad, queremos deleitarlos con la música de Chaikovski y sus oboes, castañuelas, trombones, platillos, violas y violines, fagotes, celesta... Pero también con sus dotes, el de cada uno de ustedes; y es por eso que hemos estado trabajando tan arduamente. La fusión entre estas exquisitas melodías divididas en ocho números de ballet previamente selectos, junto con los mejores bailarines aquí presentes es lo que nuestra escuela está dispuesta a ofrecer: la mejor versión representada jamás.
Los bailarines se miraron, nerviosos. Sophie presentaba una curiosa mueca en una de sus mejillas, que sugería confianza.
- Creo que saben a qué obra estoy refiriéndome –desafió mirando a la profesora y luego dirigiendo la mirada al cuerpo de ballet. Julia secó sus manos húmedas y tragó saliva-. El Cascanueces, por supuesto. Bellísima historia que tendrán el privilegio de representar diecisiete de ustedes –comenzó a caminar entre los bailarines, rozándolos y observándolos detenidamente.
Anne dirigió una mirada fugaz pero temerosa a Julia, quien se secó nuevamente sus manos contra el tu-tú. Miró a la profesora, quién sonreía permanentemente.
- ¡Director Rhodes! –interrumpió su secretario- tiene una llamada urgente del departamento de música.
El director asintió con la cabeza y el secretario se retiró.
- Ya lo saben, entonces. Al final de la jornada tendrán los resultados parciales en cartelera, sobre los que trabajarán a lo largo de la semana para finalmente establecer los papeles definitivos este mismo domingo. ¡Éxitos a todos! –se escuchó decir a lo lejos  al director al retirarse y dejar atrás una estupefacta clase.



III

Luego del almuerzo, tenían una hora para comenzar con las prácticas para la clase de la tarde. Le hubiese gustado encontrarse con Frank, su novio, pero Julia no perdió el tiempo y se dirigió al salón a entrenar. Si bien estaba en un estado de nerviosismo casi total, cuando estaba en la barre todo temor desvanecía. Era ella y sólo ella. Cada músculo de su cuerpo le obedecía, la llevaba a lugares increíbles, la sostenía como estandarte, la conectaba con el mundo.
- ¿Eso que intentas hacer es un ronds de jambe en l'air?, ja ja ja. Debes estar acalambrada o algo así, ¿verdad?
- Hola Rebecca, un gusto para mí también el verte –mencionó Julia en tono irónico-. ¿Qué te trae tan temprano al salón?
- Totalmente fuera de eje –continúa Rebecca-, ¿cuándo lo haces en terre te sale igual de mal? ¿O peor? Uff si Barishnikov te viera dejaría la profesión. Él me tiene adoración. Es mutua, ¿sabes?.
Julia continuaba con su elongación.
- Veo que tienes miedo que el papel me sea otorgado...
- Es una pena Rebecca, pero tienes que aceptarlo. Interpretar a Mamá Jenjibre no estará tan mal después de todo.
- ¡¡¡No sabes lo que dices!!! –gritó Rebecca- Ayyy. Ya verás. Ese papel será para mí. Espera a ver mi nombre en la lista –desafió, al momento en que se retiró del salón con una mirada amenazante.



IV

Esa misma noche, nuevamente Sophie se dirigió a la habitación compartida entre Anne y Julia. Ellas se habían conocido hacía varios años en el New York City Ballet y mantenían la amistad al presente, pero aún así Anne observaba mayor frecuencia en las “visitas nocturnas” de la visita este último tiempo. Además ya no hablaban casi delante de ella y hasta incluso algunas veces le habían pedido que se retirase de la habitación para hablar más tranquilas. Toda esta situación inquietaba e intrigaba a Anne. Comenzaba a preguntarse qué cosas  sucedían...
- ¡Felicitaciones! ¡Te lo dije, amiga, siempre te lo dije! –ingresó de un salto a la habitación, evadiendo a Anne y abrazando enormemente a Julia.
- Soph... ¿Qué...? ¿Qué es todo esto?
- ¡La cartelera! ¡Tu nombre! ¿No lo has visto? – la alertó Sophie, invadida por la excitación-. ¡¡Estas preseleccionada para el papel de Clara!!
Anne salió corriendo de la habitación a toda velocidad a ver la cartelera. Julia quedó atónita. Se dejó caer a la cama, sin más. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Sophie se acercó y la consoló.
- Todo lo que has hecho, todo ha sido lo correcto. ¿Lo ves? Ya no hay lugar para dudas ni para arrepentimientos, Julia. Hiciste lo que debías hacer. ¡Ay!, estoy tan feliz por ti.
Anne retornó a la habitación corriendo. Su cara de felicidad quedó reemplazada por la de desconcierto al presenciar esa escena. Julia seguía con la mirada triste, como perdida, y sentada en la cama.
- Debes de competir con Rebecca por el papel de Clara. Era lo esperable, ¿verdad?. Y tú –mirando a Sophie-, ¿tú serás Mariana, la sobrina del Presidente?
- Eso parece. Estoy contenta, chicas. El papel es muy importante en la historia. Deberé entrenar duro.
- Felicitaciones –la saludó Anne-, creo que es muy merecido.
-¡Gracias! Te felicito a ti también, interpretarás al Hada de Azúcar. El segundo acto es casi completamente en el Reino de los dulces y bailarás  el Trepak y El grand adagio del Grand pas de deux. A mi entender las piezas más bellas luego del Vals de las Flores.
- Sí, yo creo lo mismo. ¡Muchas gracias! –dijo Anne mientras terminaba de ponerse el pijama-.
- Seguiré tu ejemplo, Anne, me iré a mi habitación a descansar. Desde mañana tendremos que entrenar duro para conseguir definitivamente nuestros papeles preasignados –se retiró con una sonrisa, creyendo para sus adentros que a Julia le esperaban los días más duros.



V

Frank estaba feliz, y a la mañana siguiente la recibió en la sala de edición de audio con un ramo de rosas.
- Y cuando te confirmen el papel, serán dos docenas de rosas -le dijo.
- Gracias, mi amor –dijo Julia en la medida en que lo envolvía en un abrazo.
- Sabes que te encuentro un poco extraña, ¿estás bien? ¿Algo te ocurre?
Julia intentó disimularlo.
- No, nada... Es decir, estoy nerviosa porque Rebecca es muy buena, y tú sabes...
- Julia... Por Dios. Sabes que eres mejor que ella. ¡Eres la mejor de todas!, ese papel es tuyo, porque eres increíble y has trabajado tanto para conseguirlo...
Nuevamente, la cara de Julia se transformó.
- ¡Vamos! ¿Por qué esa cara? -dijo- Eres la mejor y sé que te iré a ver a las funciones y gritaré a la audiencia señalándote “ella es mi novia”.
Ambos sonrieron.
Frank confiaba plenamente en Julia. Estaba perdidamente enamorado. Se conocieron en Juilliard. Él, una joven promesa musical,  fresco violinista precoz.



VI 

Anne estaba desconcertada por el comportamiento de su compañera de cuarto, así que entró a la habitación mientras la otra ensayaba la pieza musical. No sabía bien que hacer, nunca antes había hurgado en las pertenencias de Julia, pero pensó que podía encontrar algún indicador de lo que estaba sucediéndole a su amiga. Recordó la expresión en su rostro cuando Sophie le dio la noticia del papel, y ésta no se correspondió con la de una persona que luchó toda su vida por un papel como ese. Algo extraño había. Algo extraño, pero no supo si en la habitación porque nunca tuvo el coraje para revisarla. Pensó que si algo raro existía realmente, sólo había una persona que podía saberlo.
Sophie se encontraba en el camarín retocándose el rodete cuando Anne apareció.
- Hola, disculpa... Eh, no sé muy bien por qué estoy aquí, pero creo que...
- Yo sí sé porque estás, pasa Anne.
El camarín tenía muchas luces en forma de marco en el espejo, las paredes blancas y al costado un gran perchero con una variedad de trajes. Algunos con plumas, otros con tules o piedras. En un closet estaban depositados los apliques, postizos, accesorios, etc. Los maquillajes, esparcidos por la mesa: rubores, rímeles, sombras, labiales, purpurinas...



VII

Los siguientes días para Julia transcurrieron de manera traumática. Dejando de lado los ensayos, en los cuales dejaba siempre en claro que el papel le pertenecía. O desde lo técnico al menos era así. Pero lo que sea que le sucedía se le notaba en las facciones de su cara, en sus ojos. Varias veces fue alertada por madame D’ Iriondo. La profesora intentaba, entonces, un cambio en su expresión, pero las clases pasaban y el estreno se acercaba. Los necesarios cambios estaban ausentes.
Anne, por otro lado, estaba desconcertada. Intentó infinidad de veces hablar con Julia sin obtener respuesta. Quería ayudarla, pero para eso tenía que conocer qué es lo que la aquejaba tanto, o lo que la inquietaba. Ahora la preocupación no era sólo por ella sino también por Sophie. Porque no tuvo la capacidad de aclararle nada, en realidad le generó más dudas e incógnitas. Pero en la negación es donde se le da identidad a las cosas muchas veces.
- Cuando Sophie me dijo que ella no podía mencionarme nada sobre Julia, lo que me estaba diciendo es que “sí hay ‘algo’ pero no me corresponde a mi decírtelo”. O al menos de esa manera lo interpreté. Ay Dios, dime que pensar –suplicaba Anne entre rezos.
Los días pasaban, los ensayos también. Finalmente llegó el domingo y se publicó la lista definitiva para la obra:

        “Cuentos de Hadas-Ballet en dos actos y tres escenas.
‘El Cascanueces’

        Presidente: Christopher Holkes.
        Su esposa: Mary Daniels.
        Sus hijos:
        Clara: Julia Hernández.
        Fritz: John Lohan.
        Mariana, sobrina del Presidente: Sophie Campart.
        Concejal Drosselmeyer, padrino de Clara y Fritz: Charles Black.
        Cascanueces: Frederic Brun.
        Hada del Azúcar, soberana de los dulces: Anne Mc Lohlen.
        Príncipe Koklyush: Andy Johnson.
        Mayordomo: Pete Stevens.
        Arlequín: Simon Olsen.
        Tía Milli: Michel Dubois.
        Soldado: Alhor Ackerman.
        Mamá Jenjibre: Laura Spoto.
        Rey de los ratones: Thomas Heffle.
        ... ”



VIII

El sábado siguiente, el teatro estuvo lleno. La gente llegó temprano porque había comenzado a nevar y el frío obligaba a salir lo antes posible de las casas. La sala estaba decorada festivamente, predominaban los colores rojo, blanco y verde. Un gran Santa les daba la bienvenida en el hall de entrada. Imperaba un ánimo festivo entre la audiencia. Sin embargo, no se podía decir lo mismo con los protagonistas de la obra. Entre ellos los nervios y la ansiedad ganaban la partida.  Frank, tal y como lo prometió a Julia, le envió dos docenas de rosas blancas al camarín. Y se encontraba entre la audiencia.
Luego de finalizada la función estreno de la obra, los partners de Julia, y algunos conocedores del tema en la platea, se preguntaban qué le ocurría a ella. Su cuerpo perfecto, sus posturas impecables, las pasadas súper limpias, pero su cara no reflejaba nada de lo previsto: ni alegría o emoción, ni nervios o goce, su expresión facial era simplemente la de tristeza. La de un alma vacía, la de un corazón herido.
La audiencia en general quedó deslumbrada con la puesta en escena de esta obra, y hasta algunos osados se atrevieron a comparar a Julia con Isadora Duncan, por su desfachatez y su revolucionario estilo.
Cuando se hizo el tradicional brindis de festejo, Julia no quiso estar presente y se encerró en su habitación, largando un profundo llanto que la acogía desde hacía tiempo. Anne se acercó pero no se atrevió a ingresar. Por detrás de la puerta escuchó el ruido de papeles y el llanto de su amiga se hizo más fuerte.



IX


Al día siguiente, Anne se levantó temprano como cada día e ingresó al baño. Al salir se percató que Julia no estaba allí. Que su cama estaba destendida pero fría. Salió de la habitación y se dirigió al departamento de música de la escuela, dónde se encontraba Frank. Golpeó la puerta de su habitación, pero no respondió. Volvió y se recostó en su cama, quedo pensativa, tratando de entender pero sólo tenía dudas en su cabeza. Al recordar la reacción de la noche anterior de su amiga, esta vez no tuvo pudor y comenzó a buscar algún papel o documento que rondase por allí, que le aclare sus ideas y pensamientos. Que la libere de la incertidumbre con la que convivía constantemente. De pronto, encuentra en el último cajón de la mesa de luz un sobre. La leyenda anunciaba NY Medical Center. Lo abrió y desenvolvió las hojas encontradas dentro. Observó en la segunda página, una leyenda englobada con una lapicera, que indicaba: Análisis. Gonadotropina coriónica humana (hCG). Análisis cualitativo de sangre: positivo.

26 de julio de 2011

Re-re-creando ideas

Buenos días a todos! Les comento que cada día estoy más entusiasmada con este trabajo. En principio porque el tema de la danza me encanta, me apasiona. Y por otro lado, porque estoy leyendo a Katherine Mansfield, la autora recomendada por Claudia y realmente me atrapó. Ya al leer en la contratapa del libro que en su momento fue comparada con Chéjov y las grandes figuras del realismo ruso, me generó mucha ansiedad para comenzar con la lectura. Compré Cuentos Completos, una recopilación en casi 900 páginas de sus relatos y novelas cortas consideradas obras maestras. Ya leí "En un balneario alemán" (1911), y estoy terminando "Felicidad" (1920). Luego seguiré con "Fiesta en el jardín" (1922), "El nido de la paloma" (1923) para finalizar con "Algo infantil y otros cuentos" (1924).
Me costó mucho poder conseguir esta recopilación, sencillamente porque no estaba en ninguna librería de las que fui. Casualmente ingresé a una compra-venta de libros usados y allí lo encontré. Estaba nuevo en realidad -porque en menor medida allí también ofrecen libros nuevos-, y debo decir que nunca pensé que iba a sentir tamaña alegría por comprar un libro.
Por otro lado, Emilia me recomendó ver la película Black swan que la vi cuando se estrenó, pero decidí verla nuevamente. Ya con ojos críticos y tomando nota de algunas cosas, me sirvió mucho para "refrescar" ciertas características de este mundo tan peculiar de la danza.
Finalmente, quiero mencionarles que me puse en contacto con un amigo que forma parte del ballet estable del  teatro Colón. Se encontraba en los últimos ensayos para Expresarte, una obra que estrenaron el pasado domingo en el teatro Empire. Le mencioné de mi proyecto narrativo y gentilmente me invitó a presenciar uno de los últimos ensayos previos al estreno, y también fui a verlo el domingo a la primera función. Me sirvió muchisimo para todo esto, tomé notas y grabaciones. Además de hablar con él mismo de los trasfondos que existen entre los integrantes de un ballet profesional como al que él pertenece.
Tengo muchas ideas, notas, recuerdos en mi cabeza. Ya veo un posible camino definiéndose delante de mi. Tengo que darle forma; en estos días voy a volcar todo en un papel a ver que sale.

20 de julio de 2011

Re-creando ideas

Buenas!! ¿Cómo están? He aquí en mi blog después de dos semanitas. Que no haya escrito mis ideas no implica que no las tenga, pero en realidad atravesé un episodio muy feo con un familiar esa última semana de clases que tuvimos, lo cual disparó mi cabeza hacia cualquier parte. Aún así intenté focalizarme en este proyecto, porque además de la obligación lo vi como una posible distracción para las cosas que tenía en mi mente. Pero no pude hacerlo. Así que decidí darme mi tiempo.
Ahora estoy con ánimo y ganas para dedicarle tiempo y esfuerzo a todo esto. Estoy al tanto de los trabajos de mis compañeros así que tengo una idea del panorama. Y en mi caso creo que me pasa al revés que varios de ellos, porque sí sé sobre qué quiero escribir, mas no sé en que género ni formato encuadrarlo. La idea del ballet que siempre estuvo presente no puedo obviarla. Cuando me lo remarcaron Claudia y Emilia no me pareció lo correcto, pero hoy veo que no es una opción discutible. Y digo que no me pareció lo correcto tal vez porque mi experiencia no terminó de la mejor manera y no quería revolver el tema. Pero creo que lo puedo hacer ficcional, en primera persona, hablar un poco de lo que implica estar en los más altos niveles de esta disciplina, la competencia, el esfuerzo, la entrega, el sacrificio. Como juega un papel muy importante el ego de cada persona, como hay que alimentarlo a diario, y además también rodearse de los mejores para poder progresar, aunque representen precisamente para el ego, la más difícil competencia.
Por otro lado tenía ganas de leer a Hemingway pero si me saben recomendar algo para la ocasión soy toda oídos.

Hoy no era el día

- Todo estaba a punto de comenzar. Las expectativas seguían altas aunque no tanto como los días previos. Es que el tan esperado día finalmente hacía su aparición. La sala: muy amplia, las distancias dentro de ella eran enormes: en el centro el escenario (aunque no se si realmente era el centro, no puedo especificar cuanto continuaba el salón detrás del escenario), hacia los costados simplemente no había nada mas que las respectivas paredes, aunque a varios metros del lugar donde yo me encontraba. A mi derecha, un viejo amigo al cual hacía mucho tiempo no veía; a mi izquierda inmediatamente mi hermana, y mas lejos mi mejor amigo. Conformábamos el treinta por ciento de la totalidad de espectadores. Estimo habremos sido cuatro o cinco grupos distintos de gente. Previo a comenzar, yo ojeaba el programa de la obra que tenia en mis manos, “Los Hermanos Blanco” anunciaba el título, con la foto de los payasos. Los observé detenidamente, pero la calidad de la folletería era escasa como para dilucidar al respecto. Aunque pude denotar que uno de ellos era un Pierrot. Levanté la vista y la centré en mi hermana. Realmente había quedado muy consternada de toda la situación previa.
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– Yo sabía que era una fábrica, como así también que el barrio donde se encontraba no era de los más placenteros de recorrerlos a las 23hs. Sin embargo no tenía idea de lo que el lugar era capaz de emanar. Recuerdo yo misma la sensación de haber doblado la esquina para entrar en el callejón donde queda la fabrica, e inmediatamente encontrarnos solos, completamente solos los cuatro ahí parados, frente a la inmensidad del edificio. Las calles estaban desiertas, las farolas eran escasas, hasta los limites que me marco mi mirada, no observe a nadie mas que nosotros. Tampoco había ningún vehiculo. Solo una furgoneta plotteada con un motivo militar y una antena de televisión que se asomaba de una de sus ventanillas. A este momento yo comencé a dudar de si la obra se realizaba el sábado. O tal vez, la habían suspendido. Cuando uno de mis amigos abre el portón para el ingreso, una oleada de sensaciones se nos presentó contundente. El ruido ensordecedor del viejo portón junto con el olor a humedad del lugar dio paso a una colosal oscuridad con su inmensidad arrolladora. Ingresamos. Mi hermana sugirió que veamos la obra otro día, y que retornásemos el camino de regreso. Yo me adelanté del resto, de cierta manera inconsciente buscaba la confirmación de la cancelación del espectáculo, probablemente para poder irnos de allí sin más. A mi derecha un haz de luz iluminaba una oficina muy pequeña. Sobre una mesa, un televisor transmitiendo futbol, al lado una persona que dejó de mirarlo para ponerme toda su atención. Kilos de más, peine de menos, su presencia me dio escalofríos.
- Buenas noches –le dije sin obtener respuesta–. ¿La obra de teatro de las 23hs es hoy?
- Primer piso –responde a secas–.
Miro a mis amigos, y ellos asienten con la cabeza.
      - ¿Cómo subo? ¿Por dónde?
      - Las escaleras del fondo – dice señalándolas–.
      - Gracias.
Nos agrupamos los cuatro y comenzamos a subir. La sensación fue de total incertidumbre y que dejábamos atrás todo lo conocido.
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– De pronto se apagan las luces y se enciende un reflector que iluminaba el escenario. Pablo jugaba con el celular. Mi hermana tenía cara de que no lo estaba pasando demasiado bien. Mi otro amigo, miraba atentamente el escenario.
Aparece un payaso, y comienza a hacer un monologo. La escenografía era sobre el interior de una típica casa de clase media, con el peculiar detalle que sobre uno de sus rincones donde descansaba un helecho, se escondía detrás un payaso con careta que tocaba continuamente una guitarra.
La obra de teatro transcurría normalmente. Pero yo, empecé a aburrirme y dejé de prestarle atención en demasía. Observé la locación y trataba de imaginarme cuantas salas como esas habría en el primer piso. ¿Y en el segundo? ¿Y en el tercero?
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– Escalones antes de llegar al piso, se comenzaban a escuchar voces, risas, música. Fue suficiente para descontracturarnos. Mientras nos dirigíamos a esas personas, nos cruzó por delante un gato negro.  Mi hermana, muy supersticiosa por cierto, comenzó a reprocharme que porqué seguíamos allí, que ya no tenía deseos de ver la obra de teatro, etc. Mi amigo Pablo preguntó a la gente cercana, quienes le confirmaron que allí había que esperar hasta que anuncien el comienzo del Espectáculo. Así que se acercó a la cantina para comprarse una cerveza.
Esculturas de papel y plástico, muñecos de personas que representaban judíos colgados de uno de los caños que cruzaba el techo, y luces rojas en los sillones se exponían en ese lugar.
- Los que van a ver la obra vengan por acá –sugirió un muy alto payaso–.
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- Mucho palabrerío sin acción en la obra, y mucha ingesta de bebida previa, hicieron que Martín se dirija al baño. “Cuando vuelva me contas todo. Así que mirá atenta que no me quiero perder nada.” Me dijo en todo irónico mientras se alejaba de la butaca.
Centrada en la obra nuevamente, comencé a disfrutar de esta parte. No puedo dilucidar cuanto tiempo pasó desde el momento en que él se fue, hasta que pasó todo.
            - Trate de recordar, señora. Piense, haga un esfuerzo.
            - Recuerdo que mi hermana, después de todo esto me pregunta por Martín. Le dije que estaba en el baño e hizo un chiste alusivo al tiempo que él estaba tardando.
             - Hizo bien en irse –me dijo–. La verdad es que no se pierde de nada. Me voy yo también al baño.
             - OK.
             - ¿Sabés dónde queda?
             - No sé. Martín me preguntó lo mismo. Me dijo que iba a preguntar en el cuarto de al lado, donde está la cantina. Seguro que saben, fijate que sino Martín ya hubiese regresado enojado por no ubicarlo.
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- El llamado que usted intenta realizar, no puede ser cursado en este momento. Inténtelo de nuevo más tarde.
Esa voz se repetía una y otra vez detrás del audífono del celular. De todos modos no esperaba siquiera una conexión en la llamada, porque los mensajes que intenté mandar antes no se entregaban.
Intenté de nuevo. Nada.
            - ¿Y Erika? ¿Qué te dijeron los chicos?
            - Nada, no me atienden –le respondí–.
            - Que raro...
            - En realidad, la llamada no se puede realizar.
            - Ah, me quedo tranquilo entonces –me respondió sarcástico mirándome con los ojos muy grandes–.
Nos miramos en silencio.  Me hizo un gesto con la cabeza.
            - Nosotros somos los que la estamos pasando mal, Pablo. Ellos seguro están en la cantina acá al lado tomando cerveza. Así que no te me quedes mirando así, relajate y mirá el espectáculo.
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- Sin dudas fue el momento más divertido. Gregorio Blanco se mezcló entre el público y me eligió a mi para subir al escenario. Me pareció buena idea, así que lo hice con gusto. Busqué en Pablo una risa cómplice, pero el seguía con mala cara. Se le notaba aún desde arriba del escenario.
Mientras la rutina del sketch se sucedía conmigo como protagonista. La gente se divertía mucho. Me distendí realmente en ese momento, lo sentí único por...
            - Sra., entiendo que lo disfrutó, pero usted no vino aquí para contarme de su protagónico en teatro. Volviendo al tema en cuestión, ¿cómo puede describir los hechos que ocurrieron luego?
            - Un payaso se acercó a Pablo y le mencionó algo al oído.
            - ¿Usted había visto antes a ese payaso?
            - No. No.
            - ¿Pertenecía a la obra?
            - No. Era la primera vez que lo veía.
            - ¿Puede precisarme con la mayor cantidad de detalles lo ocurrido desde ese momento, por favor?
            - Si oficial. El payaso le dijo algo al oído. Pablo se puso de pie y me miró. Luego se fueron los dos, el payaso lo llevaba de la espalda.
            - ¿Qué gesto le hizo, o cómo fue esa mirada de su amigo?
            - No sé, las luces de escenario me enceguecían. Pero sé que me miró a mí, eso es clarísimo.
            - Entiendo. ¿Puede describirme al payaso?
           - Tenía un traje rojo enterizo, de la mitad del cuerpo para arriba no puedo precisar, las luces no me dejaban verlo. Sí sé que debajo del traje usaba unas zapatillas deportivas rojas. Eso lo recuerdo porque llamó poderosamente mi atención.
            - Entiendo. Continúe por favor.
Silencio.
            - Por favor, señora. Prosiga.
            - Es que... snif...
            - Tranquila.
        - Recuerdo todo rojo, manchado de sangre por todos lados, la gente corría, los payasos seguían actuando. Había gente que continuaba mirando la obra. Gritos. Más gritos. Estoy muy confundida... snif.
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            - Usted, ¿estuvo tranquila de aquí en adelante, sabiendo que sus amigos no regresaban? ¿Por qué no denotó que la cantidad de tiempo que pasó era llamativa para dos personas que simplemente fueron a un baño?
            - No lo sé, oficial, no me di cuenta con la exactitud que usted necesita saber, como se sucedieron las cosas en cuanto al tiempo o al espacio...
            - ¿Dice que perdió la noción de todo lo que ocurrió a su alrededor en ese momento?
            - Aja...
            - Discúlpeme si soy redundante, pero señorita, Ud. me mencionó que la obra de teatro era realmente muy aburrida y que...
            - Sí –interrumpiendo–. Pero no fue por eso... El mensaje de texto de mi hermana fue contundente.
            - ¿Puede leérmelo textual, Srta., por favor?
          - Aguárdeme un momento… sí, aquí está… snif. “Tenía razón: hoy no era el día de la obra... no de esa… ¡Tengo miedo! Te amo.” Snif…
            - Tranquilícese Srta. Tome este vaso de agua.

16 de mayo de 2011

Centro Cultural IMPA

Asistencia a un ensayo abierto al público de tango.


Al ingresar, el olor a humedad propio de algo que falta “ventilar”, de un lugar al que se le nota el aislamiento con el exterior, generó en mí una sensación similar a la de alerta. Continué adentrándome en el lugar. El estado edilicio del IMPA presenta una infraestructura irregular, con salones más grandes que otros, con paredes en diagonal que provocan un efecto de laberinto -cubiertas de panfletos, cartas abiertas a los vecinos y el cronograma de actividades del Centro Cultural por doquier-, con columnas en medio de un salón... Si uno intenta imaginarse una fábrica pseudoabandonada, entonces se está imaginando este lugar. Por otro lado, el salón donde se produjo el ensayo sí responde a los estándares. Aunque las paredes están un poco húmedas, la pintura resquebrajada y los suelos bastante ásperos con cemento a la vista, la energía que sentí allí fue omnipresente y contundente. Fue como estar nuevamente en mis ensayos del ballet.
Ya en el sector de los espectadores, observé a los artistas: disciplinados, comprometidos y muy concentrados, terminaban de prepararse. De pronto, todos se reunieron en el centro, y comenzaron a bailar. Era como si la belleza visual de la coreografía ilustrara el espíritu de la música. De a pares, un hombre con una mujer, se dejaron llevar por la melodía melancólica y sentimental del 2 x 4.  La mujer seduce con sus movimientos y miradas y el hombre la sostiene y la conduce. Ella se desenvuelve en todo el baile bajo esa contención rompiendo el equilibrio para recostarse sobre su pecho. Entre el público pudimos sentir un aura de seducción en el ambiente.
Luego de la primera pieza, la siguiente tomó un rumbo más virtuoso. En especial, ese fue el momento donde se despertó mi admiración. Aquí no sé describir el lugar, ni la gente que me rodeaba, sólo me quedé observando con toda mi atención cada “firulete”, cada paso en cada compás...
Al finalizar esta mitad de la actuación, los protagonistas dijeron unas palabras de agradecimiento al público presente. Si bien se deduce una constancia en sus actuaciones, realmente se los pudo notar emocionados y lo genuino de su agradecimiento, en este caso para mí fue el perfecto cierre.

Acerca del proceso de escritura de mi narración

Durante el proceso de elaboración de mi narración acerca de una primera vez, intenté hacerlo bien desde la versión “original”, transmitir una idea, una historia elegida con un mensaje bien claro. En la planificación estuvo mi punto a mejorar. Empecé a hacer la primera reescritura de mi narración, con el objetivo de replantearme acerca de la diferencia entre mi intención real de lo quise que construyan mis personajes y lo que realmente construían. En una primera etapa tuve que reescribir acerca de las sensaciones del protagonista, ya que no estaban expresadas en un vocavulario adecuado para la clase de personaje que representa: un niño. Además, tuve que corregir incoherencias en algunos tiempos verbales, oraciones confusas y muy largas. Como así también me extendí un poco más en la descripción de los sentimientos de los personajes. En muchas ocasiones, las oraciones están irreconocibles, vistas desde la primera versión hasta la última. Lo bueno es que lo pude hacer, manteniendo la misma idea de fondo, pudiendo transmitir lo mismo que antes, pero con otras palabras.
Yo, a diferencia de lo planteado en clase y de lo que la mayoría de mis compañeros expresaron que estaban de acuerdo, no me quedo con mi primera versión. Más bien todo lo contrario: me encuentro en la sorpresa de que me gustó mucho pasar por el proceso de la reescritura. Y me gusta mucho más cada nueva versión “mejorada” que surge de cada revisión. De por sí soy una persona muy reflexiva, y veo al proceso desde este punto de vista. Lo reflexiono, lo analizo. Lo perfecciono.

Alter ego


No importaba cómo, dónde, ni quién estuviese allí. Lograba siempre ser el centro de la atención en cualquier circunstancia y casi a cualquier precio. Por su histrionismo, su hiperactividad, también porque se lo escuchaba desde cualquier lugar de la casa, por sus repentinos llantos o su risa contagiosa, Felipe sabía que de esa manera conseguía la mayor atención por sobre su hermana menor. El enojo y el llanto también eran eficaces, como así tambíen entrecruzaba los brazos, fruncía el entrecejo o apretaba los labios porque garantizaban la presencia de mamá o de papá. Si necesitaba todavía más ímpetu se excluía en un rincón. Contaba con una agudeza mental llamativa para sus recientes seis años, lo que le permitía ingeniar estrategias para que nadie lo dejase de lado como él temía.
Claro, hasta ese momento llevó una vida cargada de felicidad: hijo único, el primer nieto de la familia… así que todos se desvivieron por atenderlo… sus papis, los abus y los tíos. Bastaba con desear alguna cosa como para que eso se hiciera realidad. Y él siempre lo supo: le dieron todo. Fueron, aquellos, cinco hermosos años pero nada dura para siempre: nació Delfina, la primera “nena” de la familia. Felipe quería un hermanito, así que estaba súper contento de recibirlo. Hasta que llegó. Ahora es ella quién acapara los mimos, las atenciones, las debilidades… en los recuerdos de Feli se grabó aquella vez en que los abuelos no lo llevaron a la plaza porque Delfina quiso ver otra vez el capítulo final de Los padrinos mágicos. Con el tiempo Felipe supo que sólo portándose mal conseguía (aunque por lo general a través de retos) que no se olvidasen de él, que lo tuvieran presente.
Una tarde, su hermana que se encontraba durmiendo se despertó y entredormida intentó dirigirse hacia su mamá, quien hacía el almuerzo en la cocina ubicada en planta baja. Comenzó a descender por las escaleras, pero quedó atascada a la baranda con su saquito de algodón. Entre sollozos intentó salirse, pero no pudo sola y su madre no la escuchó por el ruido propio del ambiente. Felipe, que miraba dibujitos en la habitación contigua, escuchó a su hermana y se dirigió hacia ella. Se quedó cerca mirándola, pensando en que en ese instante vendría la madre hasta el lugar, le zafaría la ropa y le llevaría a la cocina, le daría de comer, luego jugarían juntas, reirían...
En ese momento, el saco de Delfina se rompió, la tela comenzó a ceder, quedando más expuesta aún a la caída. Ella, desesperada continuó moviéndose tratando de salirse, pero ahora ya le era imposible. No llegaba con sus piececitos al suelo y con sus pequeños brazos no conseguía tomarse de nada. Es allí, entonces, cuando lo miró a su hermano y llorando le tiró los brazos. Felipe se quedó atónito: su hermana estaba en peligro. Ante el grito de ella no dudó en correr hacia el lugar y en un esfuerzo por ayudarla la tomó por la cintura y, si bien la sostenía en brazos, no podía alzarla con suficiente altura como para destrabar su ropa de la baranda. Sin saber qué hacer y casi en un estado de desesperación decidió quitarle el saquito mientras la sostenía en brazos. Delfina se asustó y comenzó a gritar a todo volumen y a llorar de miedo, entonces su madre que la escuchó, fue corriendo a la escena en cuestión. Paralizada observó desde abajo como Feli logró quitarle el saco a Delfina y afirmarla fuerte con sus brazos hasta que la apoyó en el suelo. El miedo del niño por perder a su hermana logró que saque fuerzas impensadas para alguien tan pequeño. De esa manera, frente a los ojos de su madre que subió corriendo y los abrazó a ambos en pleno llanto, él la puso a salvo.
Felipe pensó que después de almorzar, ese mismo día, podría prestarle a su hermanita los nuevos juguetes que su abuelo le había regalado, y que tal vez sería divertido enseñarle a usar la espada de Star Wars.

24 de abril de 2011

Mi primer libro de influencia

Cuando pienso en mi niñez, hubo un libro que me marcó lo suficiente como para mencionarlo aquí. Su importancia reside en que fue el primer libro con el cual, debido al nivel de profundización que le dediqué, me comprometí a tal punto que lloré por la historia. En ese momento tenía nueve años, y fue la primera vez en cuanto a una lectura, que me puse del lado del protagonista, Zezé.
El libro de José Mauro de Vasconcelos, Mi planta de naranja-lima relata la historia de este niño que un día, de pronto, descubre el dolor y se hace adulto precozmente. En el ámbito de una sociedad brasilera marginada, pobre y con tan solo seis años, con sus valores logró conmover a la gente que lo rodeaba, y por que no, darle una lección de vida a sus hermanitos. Zezé nunca se daba por vencido, y de alguna manera, que lo esté recordando y resaltando entre tantas otras características del personaje, deja entrever la importancia de esa actitud en mi niñez: evidentemente y para mi a esa edad, un modelo a seguir en determinados aspectos.
El color del libro, en su tapa, iba de amarillo a blanco en degradé, el título en verde y una ilustración en el centro, un fotomontaje con al árbol de naranja-lima y superpuesta la imágen de un niño, Zezé.
Lo leí en la escuela primaria, y fue el libro que me hizo descubrír el gusto por la lectura, y que comenzara a explorar la literatura, en principio siguiendo al mismo autor, para luego tomar otras corrientes estilísticas, otros autores... Por eso a continuación leí Vamos a calentar el sol, que es algo así como la continuación de la vida de Zezé, no ya en su infancia , sino en sus últimos días de niñez y su adolescencia.
A Mi planta de naranja-lima lo releí de más grande y lo redescubrí. La lectura en este caso fue muy distinta que la anterior. Me emocioné de igual manera que cuando lo leí por vez primera, pero pude entender algunas cosas que con una sóla lectura no las había notado, detalles que se me habían escapado, que al entenderlos, enriquecieron mi visión de la historia e hicieron que admire aún más ese libro.

Presentación

“Escribir una presentación personal”. Bien, son veintidos años de vida y realmente muchas cosas que me definen actualmente. ¿Por dónde empezar? “por el principio” como se suele decir. En este caso, el principio tiene que ver más con el final, es decir, con quién soy hoy en día. Mi nombre Natalia Soledad lo eligió mi mamá, porque soy mujer, si hubiese sido hombre, sería Sebastián, ya que es el nombre que le gustaba a mi papá. Para el ocho de Enero del ’89 ellos recidían en Concordia, Entre Ríos, y me crié hasta mis dieciocho en ese lugar. Amo la gente del interior del país, así que, si me diesen a elegir mi ciudad natal, elegiría nacer de nuevo en Concordia.
Actualmente vivo en Capital Federal, en Barrio Norte, con mi hermana menor. No nos vemos en casi todo el día, por el ritmo de vida entre el estudio y el trabajo, será por eso que nos llevamos muy bien. Estudio la Carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA, siento que a medida que voy adrentrandome en la misma, me gusta cada vez más. En el primer año de mi carrera decidí no cursar Taller de Expresión I porque consideré, no estaba lista. Hoy día me felicito a mi misma por haber tomado esa decisión, con varias materias ya cursadas, creo que puedo aportar a esta experiencia otros elementos que enriquecen el trabajo del taller. Tengo muchas expectativas con respecto a esta materia, me atrapa mucho escribir, y aunque por lo general no cuente con tiempo suficiente para hacerlo (por estar a las corridas entre la Facultad, el trabajo, la casa, etc) hay veces, madrugadas para ser específicos, en que me encuentro volcando por esta vía todo lo que me aqueja y me sorprende, lo que me intriga y me fastidia, lo que busco y mi realidad...  
Cada vez me gusta más esta carrera, como dije anteriormente, aunque no la haya sentido desde siempre mi vocación, como a mucha gente con suerte le sucede. Yo fui de esas personas que llegaron hasta a sufrir por el simple hecho de no saber qué querer ser el día de mañana, o de no poder elegir entre todas las cosas con las que uno fantasea ser. Como si todo el mundo lo supiera.
Pero, entonces, ¿no importa, acaso, quién fui, en la medida en que intento explicar quién soy?. Creo que en mi caso sí, si se me pide que me presente, es necesario conocer qué cosas hicieron que tomara estos caminos, y no otros. De hecho, toda mi vida fui bailarina, lo hice profesionalmente entre mis diez y diecisiete años. Esa es mi vocación, éso es lo que soñé ser toda mi vida. Pero a mis diecisiete sufrí una lesión muy fuerte, de la cual, si bien me recuperé luego de varios años de esfuerzo, no pude seguir compitiendo profesionalmente. Fue así, entonces, que mi sueño quedó trunco, siendo tan sólo una niña de diecisiete años. “Uno popone y la vida dispone” suelen decir. Eso es lo que fui, y fue lo que determinó quién soy hoy por hoy: lo que me llevó a estudiar lo que estudio, a vivir donde vivo, a ser quien soy.
Si hubiese tenido que presentarme durante esos años, ésa es quien era. Ahora soy otra, y espero si me piden que me presente en diez años, les pueda decir: “mi nombre es Natalia, soy Periodista”. Es lo que me propongo, habrá que ver lo que la vida disponga.