I
Golpearon la puerta.
- ¿Quién es?- preguntó Julia-. ¿Y por qué llama a la puerta a esta hora?
- Soy yo –se escuchó mientras la puerta se entreabría.
- ¡Ah! –susurró la compañera de habitación-. Es Sophie.
A pesar de todo no dudó en hacerla pasar. El camino había sido largo y de arduo trabajo. Sabía que Sophie podía comprenderla.
- Si me necesitan estaré en la cocina –dijo Anne mientras se ponía su saco y salía del lugar.
Los inviernos en Nueva York se sentían en los huesos. Más aún en los de cuerpos fatigados.
- No te preocupes, me iré pronto -dijo Sophie-. Mañana ensayaremos temprano.
- Gracias por venir, Soph. Me hace tanto bien que estés aquí. Déjala que se vaya un momento.
Ambas se fundieron en un abrazo profundo y sentido. Cuerpos perfectamente erguidos y disciplinados quedaban atrás para mostrarse débiles en su pequeñez y ligereza.
- Sabes que puedes hacerlo... tienes el talento y la mentalidad para llegar y sostenerte bien en lo alto. Pero el primer paso para que los demás creamos en ti es que seas tú la primera en hacerlo, Julia.
En aquel momento, con un aire de conciencia sobre el tema, Julia se incorporó, caminó unos pasos como repitiéndoselo a sí misma. El ego de una bailarina hay que alimentarlo, permitiéndole crecer hasta el infinito. Es eso o quedar en el camino, aplastada por el ego de alguien más.
- ¡Tienes razón! Ahora debes irte, ya es tarde y mañana es un día importante. Además si te ven aquí será para problemas –alertó Julia acercándose a la puerta-. Gracias.
Al día siguiente, la clase comenzó puntual. Todos estaban esmeradamente prolijos en sus ropas y peinados, como así también en su técnica. El calentamiento en la barra transcurría normalmente.
- Tendu en croix: tendu an avant, fermé. Tendu au côté, fermé. Tendu au derriére, fermé –marcaba la profesora con palmas-. Grand plié.
En plena ejercitación interrumpió la clase el director de la academia. El nerviosismo se sintió en el ambiente. Las manos comenzaron a sudar, perjudicando el agarre en la barra. Los músculos ahora tensionados, jugaron en contra a la hora de bailar. Ojos exorbitados y sin embargo posturas extremadamente erguidas se notaron por doquier. Ya no había mucho más por hacer. Luego de toda una temporada de preparación y sacrificio, de entrenamiento y lesiones leves, de básicamente dejarlo todo de lado por conseguir EL papel. Y ese hasta ahora lejano momento, había llegado.
La noche anterior, luego de que Sophie la visitara en su habitación, Julia quedó recostada en su cama viendo su vida en un rejunte de imágenes una detrás de otra, como en una película. Recordó cuando se fue de su ciudad, en México, para ir detrás de su sueño de primera bailarina de Ballet. Cuando trabajó en un bar para poder pagarse los estudios. Al primer año la becaron en el New York City Ballet, y aunque toda la vida admiró a George Ballanchine, Julia creyó que para ser la mejor tenía que estudiar en la mejor escuela. Insistió dos años para ingresar a Juilliard School, haciendo oídos sordos a las encuestas que indicaban que la institución de educación superior gozaba de la tasa de admisión más baja de los Estados Unidos, de tan sólo el siete porciento. El talento, la disciplina y el compromiso necesarios para conseguir ese tan preciado lugar en el mundo de la danza ella los poseyó desde siempre. En Juilliard simplemente los reforzó.
Desconocía toda información respecto de su familia. El último llamado que recibió de ellos fue de su hermana hacía un semestre, indicándole el divorcio de sus padres.
Había dejado todo de lado por conseguir su sueño. Entendía que el talento sólo era el primer paso de una larga carrera en pos de convertirse en una gran bailarina. Y allí estaba, expectante. Pensaba en lo paradójico del momento. Todo quedaba, de esta manera, reducido a la decisión del director.
- Este año nos hemos planteado el desafío de cautivar a la audiencia durante todo el año, y dado que estamos próximos a la Navidad, queremos deleitarlos con la música de Chaikovski y sus oboes, castañuelas, trombones, platillos, violas y violines, fagotes, celesta... Pero también con sus dotes, el de cada uno de ustedes; y es por eso que hemos estado trabajando tan arduamente. La fusión entre estas exquisitas melodías divididas en ocho números de ballet previamente selectos, junto con los mejores bailarines aquí presentes es lo que nuestra escuela está dispuesta a ofrecer: la mejor versión representada jamás.
Los bailarines se miraron, nerviosos. Sophie presentaba una curiosa mueca en una de sus mejillas, que sugería confianza.
- Creo que saben a qué obra estoy refiriéndome –desafió mirando a la profesora y luego dirigiendo la mirada al cuerpo de ballet. Julia secó sus manos húmedas y tragó saliva-. El Cascanueces, por supuesto. Bellísima historia que tendrán el privilegio de representar diecisiete de ustedes –comenzó a caminar entre los bailarines, rozándolos y observándolos detenidamente.
Anne dirigió una mirada fugaz pero temerosa a Julia, quien se secó nuevamente sus manos contra el tu-tú. Miró a la profesora, quién sonreía permanentemente.
- ¡Director Rhodes! –interrumpió su secretario- tiene una llamada urgente del departamento de música.
El director asintió con la cabeza y el secretario se retiró.
- Ya lo saben, entonces. Al final de la jornada tendrán los resultados parciales en cartelera, sobre los que trabajarán a lo largo de la semana para finalmente establecer los papeles definitivos este mismo domingo. ¡Éxitos a todos! –se escuchó decir a lo lejos al director al retirarse y dejar atrás una estupefacta clase.
III
Luego del almuerzo, tenían una hora para comenzar con las prácticas para la clase de la tarde. Le hubiese gustado encontrarse con Frank, su novio, pero Julia no perdió el tiempo y se dirigió al salón a entrenar. Si bien estaba en un estado de nerviosismo casi total, cuando estaba en la barre todo temor desvanecía. Era ella y sólo ella. Cada músculo de su cuerpo le obedecía, la llevaba a lugares increíbles, la sostenía como estandarte, la conectaba con el mundo.
- ¿Eso que intentas hacer es un ronds de jambe en l'air?, ja ja ja. Debes estar acalambrada o algo así, ¿verdad?
- Hola Rebecca, un gusto para mí también el verte –mencionó Julia en tono irónico-. ¿Qué te trae tan temprano al salón?
- Totalmente fuera de eje –continúa Rebecca-, ¿cuándo lo haces en terre te sale igual de mal? ¿O peor? Uff si Barishnikov te viera dejaría la profesión. Él me tiene adoración. Es mutua, ¿sabes?.
Julia continuaba con su elongación.
- Veo que tienes miedo que el papel me sea otorgado...
- Es una pena Rebecca, pero tienes que aceptarlo. Interpretar a Mamá Jenjibre no estará tan mal después de todo.
- ¡¡¡No sabes lo que dices!!! –gritó Rebecca- Ayyy. Ya verás. Ese papel será para mí. Espera a ver mi nombre en la lista –desafió, al momento en que se retiró del salón con una mirada amenazante.
IV
Esa misma noche, nuevamente Sophie se dirigió a la habitación compartida entre Anne y Julia. Ellas se habían conocido hacía varios años en el New York City Ballet y mantenían la amistad al presente, pero aún así Anne observaba mayor frecuencia en las “visitas nocturnas” de la visita este último tiempo. Además ya no hablaban casi delante de ella y hasta incluso algunas veces le habían pedido que se retirase de la habitación para hablar más tranquilas. Toda esta situación inquietaba e intrigaba a Anne. Comenzaba a preguntarse qué cosas sucedían...
- ¡Felicitaciones! ¡Te lo dije, amiga, siempre te lo dije! –ingresó de un salto a la habitación, evadiendo a Anne y abrazando enormemente a Julia.
- Soph... ¿Qué...? ¿Qué es todo esto?
- ¡La cartelera! ¡Tu nombre! ¿No lo has visto? – la alertó Sophie, invadida por la excitación-. ¡¡Estas preseleccionada para el papel de Clara!!
Anne salió corriendo de la habitación a toda velocidad a ver la cartelera. Julia quedó atónita. Se dejó caer a la cama, sin más. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Sophie se acercó y la consoló.
- Todo lo que has hecho, todo ha sido lo correcto. ¿Lo ves? Ya no hay lugar para dudas ni para arrepentimientos, Julia. Hiciste lo que debías hacer. ¡Ay!, estoy tan feliz por ti.
Anne retornó a la habitación corriendo. Su cara de felicidad quedó reemplazada por la de desconcierto al presenciar esa escena. Julia seguía con la mirada triste, como perdida, y sentada en la cama.
- Debes de competir con Rebecca por el papel de Clara. Era lo esperable, ¿verdad?. Y tú –mirando a Sophie-, ¿tú serás Mariana, la sobrina del Presidente?
- Eso parece. Estoy contenta, chicas. El papel es muy importante en la historia. Deberé entrenar duro.
- Felicitaciones –la saludó Anne-, creo que es muy merecido.
-¡Gracias! Te felicito a ti también, interpretarás al Hada de Azúcar. El segundo acto es casi completamente en el Reino de los dulces y bailarás el Trepak y El grand adagio del Grand pas de deux. A mi entender las piezas más bellas luego del Vals de las Flores.
- Sí, yo creo lo mismo. ¡Muchas gracias! –dijo Anne mientras terminaba de ponerse el pijama-.
- Seguiré tu ejemplo, Anne, me iré a mi habitación a descansar. Desde mañana tendremos que entrenar duro para conseguir definitivamente nuestros papeles preasignados –se retiró con una sonrisa, creyendo para sus adentros que a Julia le esperaban los días más duros.
Frank estaba feliz, y a la mañana siguiente la recibió en la sala de edición de audio con un ramo de rosas.
- Y cuando te confirmen el papel, serán dos docenas de rosas -le dijo.
- Gracias, mi amor –dijo Julia en la medida en que lo envolvía en un abrazo.
- Sabes que te encuentro un poco extraña, ¿estás bien? ¿Algo te ocurre?
Julia intentó disimularlo.
- No, nada... Es decir, estoy nerviosa porque Rebecca es muy buena, y tú sabes...
- Julia... Por Dios. Sabes que eres mejor que ella. ¡Eres la mejor de todas!, ese papel es tuyo, porque eres increíble y has trabajado tanto para conseguirlo...
Nuevamente, la cara de Julia se transformó.
- ¡Vamos! ¿Por qué esa cara? -dijo- Eres la mejor y sé que te iré a ver a las funciones y gritaré a la audiencia señalándote “ella es mi novia”.
Ambos sonrieron.
Frank confiaba plenamente en Julia. Estaba perdidamente enamorado. Se conocieron en Juilliard. Él, una joven promesa musical, fresco violinista precoz.
Anne estaba desconcertada por el comportamiento de su compañera de cuarto, así que entró a la habitación mientras la otra ensayaba la pieza musical. No sabía bien que hacer, nunca antes había hurgado en las pertenencias de Julia, pero pensó que podía encontrar algún indicador de lo que estaba sucediéndole a su amiga. Recordó la expresión en su rostro cuando Sophie le dio la noticia del papel, y ésta no se correspondió con la de una persona que luchó toda su vida por un papel como ese. Algo extraño había. Algo extraño, pero no supo si en la habitación porque nunca tuvo el coraje para revisarla. Pensó que si algo raro existía realmente, sólo había una persona que podía saberlo.
Sophie se encontraba en el camarín retocándose el rodete cuando Anne apareció.
- Hola, disculpa... Eh, no sé muy bien por qué estoy aquí, pero creo que...
- Yo sí sé porque estás, pasa Anne.
El camarín tenía muchas luces en forma de marco en el espejo, las paredes blancas y al costado un gran perchero con una variedad de trajes. Algunos con plumas, otros con tules o piedras. En un closet estaban depositados los apliques, postizos, accesorios, etc. Los maquillajes, esparcidos por la mesa: rubores, rímeles, sombras, labiales, purpurinas...
Los siguientes días para Julia transcurrieron de manera traumática. Dejando de lado los ensayos, en los cuales dejaba siempre en claro que el papel le pertenecía. O desde lo técnico al menos era así. Pero lo que sea que le sucedía se le notaba en las facciones de su cara, en sus ojos. Varias veces fue alertada por madame D’ Iriondo. La profesora intentaba, entonces, un cambio en su expresión, pero las clases pasaban y el estreno se acercaba. Los necesarios cambios estaban ausentes.
Anne, por otro lado, estaba desconcertada. Intentó infinidad de veces hablar con Julia sin obtener respuesta. Quería ayudarla, pero para eso tenía que conocer qué es lo que la aquejaba tanto, o lo que la inquietaba. Ahora la preocupación no era sólo por ella sino también por Sophie. Porque no tuvo la capacidad de aclararle nada, en realidad le generó más dudas e incógnitas. Pero en la negación es donde se le da identidad a las cosas muchas veces.
- Cuando Sophie me dijo que ella no podía mencionarme nada sobre Julia, lo que me estaba diciendo es que “sí hay ‘algo’ pero no me corresponde a mi decírtelo”. O al menos de esa manera lo interpreté. Ay Dios, dime que pensar –suplicaba Anne entre rezos.
Los días pasaban, los ensayos también. Finalmente llegó el domingo y se publicó la lista definitiva para la obra:
“Cuentos de Hadas-Ballet en dos actos y tres escenas.
‘El Cascanueces’
Presidente: Christopher Holkes.
Su esposa: Mary Daniels.
Sus hijos:
Clara: Julia Hernández.
Fritz: John Lohan.
Mariana, sobrina del Presidente: Sophie Campart.
Concejal Drosselmeyer, padrino de Clara y Fritz: Charles Black.
Cascanueces: Frederic Brun.
Hada del Azúcar, soberana de los dulces: Anne Mc Lohlen.
Príncipe Koklyush: Andy Johnson.
Mayordomo: Pete Stevens.
Arlequín: Simon Olsen.
Tía Milli: Michel Dubois.
Soldado: Alhor Ackerman.
Mamá Jenjibre: Laura Spoto.
Rey de los ratones: Thomas Heffle.
... ”
El sábado siguiente, el teatro estuvo lleno. La gente llegó temprano porque había comenzado a nevar y el frío obligaba a salir lo antes posible de las casas. La sala estaba decorada festivamente, predominaban los colores rojo, blanco y verde. Un gran Santa les daba la bienvenida en el hall de entrada. Imperaba un ánimo festivo entre la audiencia. Sin embargo, no se podía decir lo mismo con los protagonistas de la obra. Entre ellos los nervios y la ansiedad ganaban la partida. Frank, tal y como lo prometió a Julia, le envió dos docenas de rosas blancas al camarín. Y se encontraba entre la audiencia.
Luego de finalizada la función estreno de la obra, los partners de Julia, y algunos conocedores del tema en la platea, se preguntaban qué le ocurría a ella. Su cuerpo perfecto, sus posturas impecables, las pasadas súper limpias, pero su cara no reflejaba nada de lo previsto: ni alegría o emoción, ni nervios o goce, su expresión facial era simplemente la de tristeza. La de un alma vacía, la de un corazón herido.
La audiencia en general quedó deslumbrada con la puesta en escena de esta obra, y hasta algunos osados se atrevieron a comparar a Julia con Isadora Duncan, por su desfachatez y su revolucionario estilo.
Cuando se hizo el tradicional brindis de festejo, Julia no quiso estar presente y se encerró en su habitación, largando un profundo llanto que la acogía desde hacía tiempo. Anne se acercó pero no se atrevió a ingresar. Por detrás de la puerta escuchó el ruido de papeles y el llanto de su amiga se hizo más fuerte.
IX
Al día siguiente, Anne se levantó temprano como cada día e ingresó al baño. Al salir se percató que Julia no estaba allí. Que su cama estaba destendida pero fría. Salió de la habitación y se dirigió al departamento de música de la escuela, dónde se encontraba Frank. Golpeó la puerta de su habitación, pero no respondió. Volvió y se recostó en su cama, quedo pensativa, tratando de entender pero sólo tenía dudas en su cabeza. Al recordar la reacción de la noche anterior de su amiga, esta vez no tuvo pudor y comenzó a buscar algún papel o documento que rondase por allí, que le aclare sus ideas y pensamientos. Que la libere de la incertidumbre con la que convivía constantemente. De pronto, encuentra en el último cajón de la mesa de luz un sobre. La leyenda anunciaba NY Medical Center. Lo abrió y desenvolvió las hojas encontradas dentro. Observó en la segunda página, una leyenda englobada con una lapicera, que indicaba: Análisis. Gonadotropina coriónica humana (hCG). Análisis cualitativo de sangre: positivo.
Mi duda es si debo poner referencias a cada nombre de persona y de lugar que nombro. ¿A los pasos de danza también?
ResponderEliminarSaludos.
Hola Natalia!
ResponderEliminarMe gusta mucho la historia! Me parece que tiene un buen balance entre explicación e intriga, mantiene la tensión hasta el final, retrata el ámbito de la danza. Me pareció muy atrapante.
Lo único que me hace un poco de ruido (sin que esté mal) es el estilo de español neutro en que está escrito el texto. Palabras como 'Santa' o 'closet'. Por qué lo elegiste? Tiene que ver quizás con cierto hábito de leer traducciones de libros en ese estilo? O fue una elección consciente?
Con respecto a las referencias, no se necesitan aclaraciones, así está bien. Si algún lector tiene dudas, siempre puede realizar una búsqueda por su cuenta.
Realmente trabajaste un montón con este texto y de manera fuertemente autónoma, felicitaciones!
Saludos,
Emilia
Hola Emilia!
ResponderEliminarMe alegro que te haya gustado. Con respecto al español utilizado que te hace ruido, fue totalmente consciente. En realidad me imaginé la historia original escrita en inglés y ésta como traducción. No tengo idea por qué. Además los personajes son de varias nacionalidades y no quise "ensuciar" la narración con nuestros modismos. No sé cómo explicarte, pero cuando leo nuestros trabajos (los de todos los que pertenecemos a la comisión) me choca un poco tanto vocabulario común, lunfardo. Tal vez no explicito pero es la sensación que me da, con algunas expresiones más que con palabras concretas. No quiere decir que esté mal, sólo es lo que me pasa.Creo que quise jugar un poco y experimentar en este trabajo con eso y como vos bien decís con que los lectores tengan una sensación de que están como leyendo una traducción, o al menos algo neutro. Pero si no corresponde o está mal, puedo modificarlo. Repito, fue más que nada un tema de gustos o de animarme a jugar con eso también, me pareció que podía darle una vuelta de rosca por ahí también.
Saludos,
Natu!